Poner orden en lo incomprensible

IMG_7659

Los mitos se inventaron para, en palabras de Gustavo Martín Garzo, poner orden en lo incomprensible. El autor vallisoletano da alas a su imaginación en El árbol de los sueños y nos ofrece otra visión de los mitos que poblaron nuestra infancia y sobre los que la humanidad asienta su cultura.

 

En la transmisión oral y escrita de los cuentos hay matices que han variado, hechos que se obviaron porque su significado provocó fascinación en unos y vértigo en otros. Martín Garzo no es el primero que inicia esta aventura. Todos los escritores tenemos la tentación de recrear e interpretar nuestros mitos, pero solo algunos como Martín Garzo consiguen mantenerlos en su grandeza retorciendo la historia oficial, volcando sobre ellos otra mirada.

 

Estamos hablando de leyendas y no tenemos que aceptar una interpretación única de las mismas. Es lo que hacen el arte y la literatura desde hace siglos. Martín Garzo nos habla de la metamorfosis que el amor produce en nuestra existencia, de la locura que envuelve a los amantes y los ilumina; y del impulso que habita en las jóvenes enamoradas, que les permite establecerse en la fina frontera que hay entre lo real y lo irreal.

 

La historia que no se cuenta

 

El amor es un destello del paraíso perdido, de ese árbol de los sueños donde comienza la historia de la humanidad, que nos permite comprender –se dice en esta novela– que «la verdadera historia de las cosas es la que nunca se cuenta».

 

Por eso el autor, yendo más allá del relato bíblico, se adentra en las razones que impulsaron a Eva a comer la manzana del árbol de los sueños y ofrecérsela a Adán. Al sentirse desnuda y desposeída, Eva cubrió su pubis con la hoja de la vida. No se ha contado que con ese gesto la primera mujer conservó para todos los amantes del mundo la clave para acceder al paraíso del que fueron expulsados.

 

La mirada oblicua

 

“La mirada oblicua es la que está atravesada por el error, la duda, la sospecha, es la que pone en cuestión lo que se mira o la que hace pensar en la posibilidad de otra respuesta a lo establecido, pensar que no hay verdades definitivas”, decía José Saramago. Esta novela de Gustavo Martín Garzo está atravesada por esa mirada oblicua y va mucho más allá de las hermosas leyendas que narra.

 

Reconozco que al inicio de la lectura de esta novela me sucedió lo mismo que al sultán de Sherezade, estaba desconcertada. En mi caso, por un libro tan clásico y, a la vez tan innovador y valiente, en una época en que la moda literaria es la autobiografía, quizás porque la imaginación a muchos no les da para más. El árbol de los sueños da alas a la mirada oblicua que nos interroga constantemente a lo largo de la lectura. El sentimiento de poner orden en lo incomprensible acaba enganchando y anima a seguir profundizando en un relato que, a medida que avanza, va ganado en intensidad y emoción.

 

Un autor que ama a las mujeres

 

Gustavo Martín Garzo es uno de los autores que escribe mejor sobre las mujeres. No hay duda de que nos conoce y nos ama, porque la sucesión de leyendas que constituyen El árbol de los sueños trasluce una admiración indisimulada hacia nosotras. Somos las protagonistas absolutas de esta y de todas las novelas suyas que he leído

 

La madre que cuenta historias a sus hijos cada noche es quien guía el relato, pero no es una mera narradora, es un personaje central que encierra su propia leyenda. Martín Garzo reconoce que «era un niño dado al ensueño…Muy marcado por la presencia de mi madre. El momento del beso antes de dormir era un instante sagrado».

 

El trabajo del escritor

 

En esta novela, el autor reivindica el trabajo del escritor y el papel de la literatura sin la que el mundo sería un horror, porque la belleza y la felicidad que sentimos leyendo son indispensables para vivir. «Si rezas hablas con Dios, pero si lees es Él quien te habla a ti», se dice en un pasaje de este libro.

 

Quienes me habéis leído sabéis que alterno mis novelas para adultos, historias de mujeres y hombres expulsados del paraíso, con los libros para niños. Sin ese respiro que me produce sumergirme en un mundo en el que doy rienda suelta a mis fantasías, no podría continuar con el resto de mi producción, porque esa fantasía del corazón –tomo prestadas las palabras de Martín Garzo– me ayuda a poner orden en este mundo incomprensible. Y siguiendo al maestro Murakami también hago mío el silogismo que establece que si la ficción es imaginación y la imaginación es real, la ficción es real. Es el misterio que encierra la literatura

Suscríbete a mi
newsletter

Último post

Compartir